24 de febrero: La guerra culta de Martí

“…la revolución ha de hallar formas que le aseguren, en la unidad y vigor indispensables s a una guerra culta, el entusiasmo de los cubanos, la confianza de los españoles y la amistad del mundo”.

José Martí (Manifiesto de Montecristi, 1992d, pág. 516)

 

El 24 de febrero de 2021, los cubanos conmemoramos el 126º aniversario del inicio de la guerra del 95; “un nuevo período de guerra” de “la revolución de independencia, iniciada en Yara”, como la calificara Martí en el Manifiesto de Montecristi.

Los que hemos estado en contacto con el pensamiento independentista del Apóstol, conocemos muchos de los adjetivos que usa para calificar esta nueva etapa de la lucha por la liberación nacional: “guerra generosa y breve”, “guerra necesaria”, “guerra digna”, “guerra republicana, honrada y santa”, “guerra nueva” y muchos más. Pocos han reparado que tanto en el Manifiesto como en otros pocos documentos la califica de “guerra culta”, cuyas características esenciales y modernas sintetiza en ese documento, aunque de ello viene hablando ―y escribiendo―desde los años 80 del siglo XIX.

Para Martí, la modernidad no es solamente la que emana de las antiguas y nuevas metrópolis, sino el enfoque que rige su proyecto emancipador, un proyecto que tiene “fe en el mejoramiento humano, en la vida futura y en la utilidad de la virtud” (Ismaelillo [Dedicatoria], 2002c, pág. 17 [O.E. XVI]), que aspira a la formación de nuevo tipo de hombre, de pensamiento y acción modernos. En Patria, en 1894, califica a los cubanos como “pueblo nuevo de cultura y virtud, de mentes libres y manos creadoras” (El tercer año del Partido Revolucionario Cubano. El alma de la Revolución y el deber de Cuba en América, 1992a, pág. 360 [O.E.III])

Martí desde 1884 nos está diciendo que “ser culto es el único modo de ser libre”. La tan difundida oración aparece precedida de otra: “Ser bueno es el único modo de ser dichoso”, y luego de escritas ambas, reflexiona: “Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno”. (Maestros ambulantes, 2002i, pág. 289) —“cuando la gente no es buena, la pobreza los pone de mal humor”, anota en La Edad de Oro (El Camarón Encantado. La Edad de Oro, 2002e, pág. 432 [O.C. XVIII])—. La libertad se ejerce, no es un disfrute hedonista; ese ejercicio demanda responsabilidad, y esa responsabilidad está entrelazada con la cultura.  En 1888 anotó: “La cultura, por lo que el talento brilla, tampoco es nuestra por entero, ni podemos disponer de ella para nuestro bien, sino es principalmente de nuestra patria que nos la dio, y de la humanidad, a quien heredamos”. (Carta al Director de «La Nación» de 30 de agosto de 1888, 2002f, pág. 44 [O.C. XII] ) Ser culto significa operar con creatividad con la cultura acumulada; significa que cada individuo esté preparado para aportar soluciones propias a los problemas de su tiempo en los que le corresponda involucrarse. Significa crear cultura, pero cultura socialmente comprometida.

Martí confía en los cubanos, a quienes considera “un pueblo de mente contemporánea y superior capacidad” (Ciegos y Desleales, Patria, 14 de febrero de 1893, 1992b, pág. 171 [O.E. III] ), un pueblo de “impetuosa aspiración a la cultura” (El Partido Revolucionario Cubano A Cuba, Patria, 27 de mayo de 1893, 1992d, pág. 233 [O.E. III])apto para enfrentar y vencer, además de los conocidos retos políticos, económicos y sociales, los no menos importantes retos culturales acumulados durante tres siglos de dominación colonial, y proyectarse hacia el futuro. Así, denuncia la “cultura inútil, que solo halla empleo en la contemplación sorda de sí misma” (Con todos, y para el bien de todos, 2002d, pág. 271 [O.C. IV]).

La condición primigenia que demanda para la república es “el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre” (Con todos, y para el bien de todos, 2002d, pág. 270 [O.C. IV]) Para él, la formación de esa dignidad plena depende de la cultura, que adquiere una nueva dimensión, revolucionaria, en su proyecto emancipador.

La cultura está en las bases de la identidad nacional. Martí lo sabe, y aquella memorable noche en el Liceo Cubano de Tampa establece los requisitos ético-culturales que tendrá la república que se propone fundar una vez alcanzada la independencia:

  • El carácter entero de cada uno de sus hijos (la cultura integral de la personalidad)
  • El hábito de trabajar por sus manos (la cultura del trabajo)
  • El hábito de pensar por sí propios (la cultura del pensamiento)
  • El ejercicio íntegro de sí, y el respeto, como de honor de familia, al ejercicio íntegro de los demás (la cultura de las relaciones interpersonales)
  • La pasión por el decoro del hombre (la cultura de la moral)

(Con todos, y para el bien de todos, 2002d, pág. 270 [O.C. IV])

Y sabe Martí que, en los trece años transcurridos entre el Zanjón y el momento del discurso, le ha nacido a Cuba una intelectualidad joven, desvinculada de las jornadas gloriosas del 68, pero capaz de opinar y de contribuir a la conducción de los destinos de la nación. Esos jóvenes intelectuales son convocados a participar de manera militante en su proyecto emancipador.

Se ha criado, con la experiencia y el estudio, y cierta conciencia clara que da nuestra tierra hermosa, un cúmulo de fuerzas de orden, humanas y cultas —una falange de inteligencias plenas, fecundadas por el amor al hombre, sin el cual la inteligencia no es más que azote y crimen—, una concordia tan íntima venida del dolor común, entre los cubanos de derecho natural, sin historia y sin libros, y los cubanos que han puesto en el estudio la pasión que no podían poner en la elaboración de la patria nueva. (Con todos, y para el bien de todos, 2002d, pág. 270 [O.C. IV])

Sabe del peligro que significa para la unidad nacional la separación entre los cubanos por razones de nivel cultural: “por esta patria vehemente en que se reúnen con iguales sueños, y con igual honradez, aquellos a quienes pudiese divorciar el diverso estado de cultura…” (Con todos, y para el bien de todos, 2002d, pág. 275 [O.C. IV])

También en el período que denominara “de reposo turbulento” (Vindicación de Cuba, 2002, pág. 237), Martí se empeña en lograr la unidad y respeto entre militares y civiles, y entre los más experimentados patriotas y los “pinos nuevos” ―muchos nacidos durante la Guerra Grande o poco antes―, en la “revolución pensadora y magnánima” (Manifiesto de Montecristi, 1992d, pág. 512 [O.E. III]) y por convencer a estos últimos de la modernidad que portaba su pensamiento y que insufló al Partido Revolucionario Cubano, el cual, “con el reconocimiento cordial de todos los derechos, prepara a la patria el goce pacífico de su cultura y su riqueza”. (La Delegación del Partido Revolucionario Cubano a los Clubes [Carta circular a los presidentes de los Clubes], 1992c, pág. 349 [O. C. II]) Hacer la revolución desde la cultura aconseja la búsqueda de un equilibrio entre los hombres de pensamiento y los de acción.

Convertir a Patria en una “trinchera de ideas”, demandaba que, la cultura artístico literaria ocupara un lugar importante, por la importancia de esta en la identidad nacional. Así aparecen escritos dedicados a pintores, como Peoli y Tejada, y el paradigmático ensayo sobre de Julián del Casal, publicado el 31 de octubre de 1893: “Y es que en América está ya en flor la gente nueva, que pide peso a la prosa y condición al verso, y quiere trabajo y realidad en la política y en la literatura…” ( Patria, 31 de octubre de 1893, 2002, pág. 222 [O.C. V]). Ese año también escribe el prólogo a Los Poetas de la Guerra y publica el libro como suplemento de Patria. En el número de Patria de 29 de abril de 1893, publica Versos Verdaderos, donde elogia y estimula la poesía popular cubana: la décima campesina. Para Martí, la cultura artística cubana se construye con los valores de las expresiones populares tradicionales y también con las obras de mayor elaboración profesional; `por ello no escatima elogios a los aportes de Cirilo Villaverde a la identidad nacional a través de sus novelas, ni a la labor fundacional de José de la Luz y Caballero. Y “…nacerá por fin un pueblo de mucha tierra nueva, donde la cultura previa y vigilante no permita el imperio de la injusticia…” (A la Raíz, Patria, 26 de agosto de 1893, 2002f, pág. 280 [O.C. II]). En la preparación de la Guerra del 95 cultura y política se entremezclan tanto que es imposible definir los límites entre una y la otra.

Ordenar la revolución del decoro, el sacrificio y la cultura, de modo que no quede el decoro de un solo hombre lastimado, ni el sacrificio parezca inútil a un solo cubano, ni la revolución inferior a la cultura del país, no a la extranjeriza y desautorizada cultura que se enajena el respeto de los hombres viriles por la ineficacia de sus resultados y el contraste lastimoso entre la poquedad real y la arrogancia de sus estériles poseedores, sino al profundo conocimiento de la labor del hombre en el rescate y sostén de su dignidad” (Manifiesto de Montecristi, 1992d, pág. 517 [O.E.III])

Martí en ese documento, de un carácter eminentemente político, nos da una definición de cultura, síntesis de la modernidad del pensamiento que se propuso fundar; fue la más audaz dentro del escaso pensamiento cultural latinoamericano de su época, pero lo más trascendental: es una definición paradigmática para todos los tiempos.

 

Bibliografía:

Martí Pérez, J. (1992a). El tercer año del Partido Revolucionario Cubano. El alma de la Revolución y el deber de Cuba en América. En J. Martí Pérez, Obras Escogidas (Vol. III, págs. 358-363). La Habana: Ciencias Sociales.

Martí Pérez, J. (2002a). Patria, 31 de octubre de 1893. En J. Martí Pérez, Obras completas (Vol. V, págs. 221-222). La Habana: Centro de Estudios Martianos (ed.digital).

Martí Pérez, J. (2002b). Vindicación de Cuba. En J. Martí Pérez, Obras completas (Vol. I, págs. 236-241). La Habana: Centro de Estudios Martianos (ed. digital).

Martí Pérez, J. (2002c). Ismaelillo [Dedicatoria]. En J. Martí Pérez, Obras Completas (Vol. XVI, págs. 15-53). La Habana: Centro de Estudios Martianos (Ed. digital).

Martí Pérez, J. (2002d). Discurso en el Liceo Cubano de Tampa de 26 de noviembre de 1891. En J. Martí Pérez, Obras Completas (Vol. IV, págs. 269-279). La Habana: Centro de Estudios Martianos (ed. digital).

Martí Pérez, J. (2002e). Maestros ambulantes. En J. Martí Pérez, Obras completas (Vol. VIII, págs. 288-292). Centro de Estudios Martianos (ed. digital).

Martí Pérez, J. J. (1992b). Ciegos y Desleales, Patria, 14 de febrero de 1893. En J. J. Martí Pérez, Obras Escogidas (Vol. III, págs. 170-172). La Habana: Ciencias Sociales.

Martí Pérez, J. J. (1992c). La Delegación del Partido Revolucionario Cubano a los Clubes [Carta circular a los presidentes de los Clubes]. En J. J. Martí Pérez, Obras Escogidas (Vol. II, págs. 335-349). La Habana: Ciencias Sociales.

Martí Pérez, J. J. (1992d). El Partido Revolucionario Cubano A Cuba, Patria, 27 de mayo de 1893. En J. J. Martí Pérez, Obras Escogidas (Vol. III, págs. 225-237). La Habana: Ciencias Sociales.

Martí Pérez, J. J. (1992e). Manifiesto de Montecristi. En J. J. Martí Pérez, Obras Escogidas (Vol. Tomo III, págs. 511-518). La Habana: Ciencias Sociales.

Martí Pérez, J. J. (2002d). El Camarón Encantado. La Edad de Oro. En J. J. Martí Pérez, Obras Completas (Vol. XVIII, págs. 432-439). La Habana: Centro de Estudios Martianos (ed. digital).

Martí Pérez, J. J. (2002e). A la Raíz, Patria, 26 de agosto de 1893. En J. Martí Pérez, El Federalista, México 7 de diciembre de 1876 (Obras Conmpletas) (Vol. II, págs. 377-380). La Habana: Centro de Estudios Martianos (ed. digital).

Martí Pérez, J. J. (2002f). Carta al Director de «La Nación» de 30 de agosto de 1888. En J. Martí Pérez, Obras Completas (Vol. XII, págs. 41-47). La Habana: Centro de Estudios Martianos (ed. digital).

24 de febrero: La guerra culta de Martí

“…la revolución ha de hallar formas que le aseguren, en la unidad y vigor indispensables s a una guerra culta, el entusiasmo de los cubanos, la confianza de los españoles y la amistad del mundo”.

José Martí (Manifiesto de Montecristi, 1992d, pág. 516)

 

El 24 de febrero de 2021, los cubanos conmemoramos el 126º aniversario del inicio de la guerra del 95; “un nuevo período de guerra” de “la revolución de independencia, iniciada en Yara”, como la calificara Martí en el Manifiesto de Montecristi.

Los que hemos estado en contacto con el pensamiento independentista del Apóstol, conocemos muchos de los adjetivos que usa para calificar esta nueva etapa de la lucha por la liberación nacional: “guerra generosa y breve”, “guerra necesaria”, “guerra digna”, “guerra republicana, honrada y santa”, “guerra nueva” y muchos más. Pocos han reparado que tanto en el Manifiesto como en otros pocos documentos la califica de “guerra culta”, cuyas características esenciales y modernas sintetiza en ese documento, aunque de ello viene hablando ―y escribiendo―desde los años 80 del siglo XIX.

Para Martí, la modernidad no es solamente la que emana de las antiguas y nuevas metrópolis, sino el enfoque que rige su proyecto emancipador, un proyecto que tiene “fe en el mejoramiento humano, en la vida futura y en la utilidad de la virtud” (Ismaelillo [Dedicatoria], 2002c, pág. 17 [O.E. XVI]), que aspira a la formación de nuevo tipo de hombre, de pensamiento y acción modernos. En Patria, en 1894, califica a los cubanos como “pueblo nuevo de cultura y virtud, de mentes libres y manos creadoras” (El tercer año del Partido Revolucionario Cubano. El alma de la Revolución y el deber de Cuba en América, 1992a, pág. 360 [O.E.III])

Martí desde 1884 nos está diciendo que “ser culto es el único modo de ser libre”. La tan difundida oración aparece precedida de otra: “Ser bueno es el único modo de ser dichoso”, y luego de escritas ambas, reflexiona: “Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno”. (Maestros ambulantes, 2002i, pág. 289) —“cuando la gente no es buena, la pobreza los pone de mal humor”, anota en La Edad de Oro (El Camarón Encantado. La Edad de Oro, 2002e, pág. 432 [O.C. XVIII])—. La libertad se ejerce, no es un disfrute hedonista; ese ejercicio demanda responsabilidad, y esa responsabilidad está entrelazada con la cultura.  En 1888 anotó: “La cultura, por lo que el talento brilla, tampoco es nuestra por entero, ni podemos disponer de ella para nuestro bien, sino es principalmente de nuestra patria que nos la dio, y de la humanidad, a quien heredamos”. (Carta al Director de «La Nación» de 30 de agosto de 1888, 2002f, pág. 44 [O.C. XII] ) Ser culto significa operar con creatividad con la cultura acumulada; significa que cada individuo esté preparado para aportar soluciones propias a los problemas de su tiempo en los que le corresponda involucrarse. Significa crear cultura, pero cultura socialmente comprometida.

Martí confía en los cubanos, a quienes considera “un pueblo de mente contemporánea y superior capacidad” (Ciegos y Desleales, Patria, 14 de febrero de 1893, 1992b, pág. 171 [O.E. III] ), un pueblo de “impetuosa aspiración a la cultura” (El Partido Revolucionario Cubano A Cuba, Patria, 27 de mayo de 1893, 1992d, pág. 233 [O.E. III])apto para enfrentar y vencer, además de los conocidos retos políticos, económicos y sociales, los no menos importantes retos culturales acumulados durante tres siglos de dominación colonial, y proyectarse hacia el futuro. Así, denuncia la “cultura inútil, que solo halla empleo en la contemplación sorda de sí misma” (Con todos, y para el bien de todos, 2002d, pág. 271 [O.C. IV]).

La condición primigenia que demanda para la república es “el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre” (Con todos, y para el bien de todos, 2002d, pág. 270 [O.C. IV]) Para él, la formación de esa dignidad plena depende de la cultura, que adquiere una nueva dimensión, revolucionaria, en su proyecto emancipador.

La cultura está en las bases de la identidad nacional. Martí lo sabe, y aquella memorable noche en el Liceo Cubano de Tampa establece los requisitos ético-culturales que tendrá la república que se propone fundar una vez alcanzada la independencia:

  • El carácter entero de cada uno de sus hijos (la cultura integral de la personalidad)
  • El hábito de trabajar por sus manos (la cultura del trabajo)
  • El hábito de pensar por sí propios (la cultura del pensamiento)
  • El ejercicio íntegro de sí, y el respeto, como de honor de familia, al ejercicio íntegro de los demás (la cultura de las relaciones interpersonales)
  • La pasión por el decoro del hombre (la cultura de la moral)

(Con todos, y para el bien de todos, 2002d, pág. 270 [O.C. IV])

Y sabe Martí que, en los trece años transcurridos entre el Zanjón y el momento del discurso, le ha nacido a Cuba una intelectualidad joven, desvinculada de las jornadas gloriosas del 68, pero capaz de opinar y de contribuir a la conducción de los destinos de la nación. Esos jóvenes intelectuales son convocados a participar de manera militante en su proyecto emancipador.

Se ha criado, con la experiencia y el estudio, y cierta conciencia clara que da nuestra tierra hermosa, un cúmulo de fuerzas de orden, humanas y cultas —una falange de inteligencias plenas, fecundadas por el amor al hombre, sin el cual la inteligencia no es más que azote y crimen—, una concordia tan íntima venida del dolor común, entre los cubanos de derecho natural, sin historia y sin libros, y los cubanos que han puesto en el estudio la pasión que no podían poner en la elaboración de la patria nueva. (Con todos, y para el bien de todos, 2002d, pág. 270 [O.C. IV])

Sabe del peligro que significa para la unidad nacional la separación entre los cubanos por razones de nivel cultural: “por esta patria vehemente en que se reúnen con iguales sueños, y con igual honradez, aquellos a quienes pudiese divorciar el diverso estado de cultura…” (Con todos, y para el bien de todos, 2002d, pág. 275 [O.C. IV])

También en el período que denominara “de reposo turbulento” (Vindicación de Cuba, 2002, pág. 237), Martí se empeña en lograr la unidad y respeto entre militares y civiles, y entre los más experimentados patriotas y los “pinos nuevos” ―muchos nacidos durante la Guerra Grande o poco antes―, en la “revolución pensadora y magnánima” (Manifiesto de Montecristi, 1992d, pág. 512 [O.E. III]) y por convencer a estos últimos de la modernidad que portaba su pensamiento y que insufló al Partido Revolucionario Cubano, el cual, “con el reconocimiento cordial de todos los derechos, prepara a la patria el goce pacífico de su cultura y su riqueza”. (La Delegación del Partido Revolucionario Cubano a los Clubes [Carta circular a los presidentes de los Clubes], 1992c, pág. 349 [O. C. II]) Hacer la revolución desde la cultura aconseja la búsqueda de un equilibrio entre los hombres de pensamiento y los de acción.

Convertir a Patria en una “trinchera de ideas”, demandaba que, la cultura artístico literaria ocupara un lugar importante, por la importancia de esta en la identidad nacional. Así aparecen escritos dedicados a pintores, como Peoli y Tejada, y el paradigmático ensayo sobre de Julián del Casal, publicado el 31 de octubre de 1893: “Y es que en América está ya en flor la gente nueva, que pide peso a la prosa y condición al verso, y quiere trabajo y realidad en la política y en la literatura…” ( Patria, 31 de octubre de 1893, 2002, pág. 222 [O.C. V]). Ese año también escribe el prólogo a Los Poetas de la Guerra y publica el libro como suplemento de Patria. En el número de Patria de 29 de abril de 1893, publica Versos Verdaderos, donde elogia y estimula la poesía popular cubana: la décima campesina. Para Martí, la cultura artística cubana se construye con los valores de las expresiones populares tradicionales y también con las obras de mayor elaboración profesional; `por ello no escatima elogios a los aportes de Cirilo Villaverde a la identidad nacional a través de sus novelas, ni a la labor fundacional de José de la Luz y Caballero. Y “…nacerá por fin un pueblo de mucha tierra nueva, donde la cultura previa y vigilante no permita el imperio de la injusticia…” (A la Raíz, Patria, 26 de agosto de 1893, 2002f, pág. 280 [O.C. II]). En la preparación de la Guerra del 95 cultura y política se entremezclan tanto que es imposible definir los límites entre una y la otra.

Ordenar la revolución del decoro, el sacrificio y la cultura, de modo que no quede el decoro de un solo hombre lastimado, ni el sacrificio parezca inútil a un solo cubano, ni la revolución inferior a la cultura del país, no a la extranjeriza y desautorizada cultura que se enajena el respeto de los hombres viriles por la ineficacia de sus resultados y el contraste lastimoso entre la poquedad real y la arrogancia de sus estériles poseedores, sino al profundo conocimiento de la labor del hombre en el rescate y sostén de su dignidad” (Manifiesto de Montecristi, 1992d, pág. 517 [O.E.III])

Martí en ese documento, de un carácter eminentemente político, nos da una definición de cultura, síntesis de la modernidad del pensamiento que se propuso fundar; fue la más audaz dentro del escaso pensamiento cultural latinoamericano de su época, pero lo más trascendental: es una definición paradigmática para todos los tiempos.

 

Bibliografía:

Martí Pérez, J. (1992a). El tercer año del Partido Revolucionario Cubano. El alma de la Revolución y el deber de Cuba en América. En J. Martí Pérez, Obras Escogidas (Vol. III, págs. 358-363). La Habana: Ciencias Sociales.

Martí Pérez, J. (2002a). Patria, 31 de octubre de 1893. En J. Martí Pérez, Obras completas (Vol. V, págs. 221-222). La Habana: Centro de Estudios Martianos (ed.digital).

Martí Pérez, J. (2002b). Vindicación de Cuba. En J. Martí Pérez, Obras completas (Vol. I, págs. 236-241). La Habana: Centro de Estudios Martianos (ed. digital).

Martí Pérez, J. (2002c). Ismaelillo [Dedicatoria]. En J. Martí Pérez, Obras Completas (Vol. XVI, págs. 15-53). La Habana: Centro de Estudios Martianos (Ed. digital).

Martí Pérez, J. (2002d). Discurso en el Liceo Cubano de Tampa de 26 de noviembre de 1891. En J. Martí Pérez, Obras Completas (Vol. IV, págs. 269-279). La Habana: Centro de Estudios Martianos (ed. digital).

Martí Pérez, J. (2002e). Maestros ambulantes. En J. Martí Pérez, Obras completas (Vol. VIII, págs. 288-292). Centro de Estudios Martianos (ed. digital).

Martí Pérez, J. J. (1992b). Ciegos y Desleales, Patria, 14 de febrero de 1893. En J. J. Martí Pérez, Obras Escogidas (Vol. III, págs. 170-172). La Habana: Ciencias Sociales.

Martí Pérez, J. J. (1992c). La Delegación del Partido Revolucionario Cubano a los Clubes [Carta circular a los presidentes de los Clubes]. En J. J. Martí Pérez, Obras Escogidas (Vol. II, págs. 335-349). La Habana: Ciencias Sociales.

Martí Pérez, J. J. (1992d). El Partido Revolucionario Cubano A Cuba, Patria, 27 de mayo de 1893. En J. J. Martí Pérez, Obras Escogidas (Vol. III, págs. 225-237). La Habana: Ciencias Sociales.

Martí Pérez, J. J. (1992e). Manifiesto de Montecristi. En J. J. Martí Pérez, Obras Escogidas (Vol. Tomo III, págs. 511-518). La Habana: Ciencias Sociales.

Martí Pérez, J. J. (2002d). El Camarón Encantado. La Edad de Oro. En J. J. Martí Pérez, Obras Completas (Vol. XVIII, págs. 432-439). La Habana: Centro de Estudios Martianos (ed. digital).

Martí Pérez, J. J. (2002e). A la Raíz, Patria, 26 de agosto de 1893. En J. Martí Pérez, El Federalista, México 7 de diciembre de 1876 (Obras Conmpletas) (Vol. II, págs. 377-380). La Habana: Centro de Estudios Martianos (ed. digital).

Martí Pérez, J. J. (2002f). Carta al Director de «La Nación» de 30 de agosto de 1888. En J. Martí Pérez, Obras Completas (Vol. XII, págs. 41-47). La Habana: Centro de Estudios Martianos (ed. digital).

La Habana 24 de febrero de 2021