El 25 de julio ha pasado a ser desde el 1992 el Día Internacional de la Mujer Afrodescendiente, esta iniciativa nace de aquel histórico encuentro entre mujeres latinoamericanas y caribeñas que decidieron enfrentar el racismo y el sexismo que aboca a muchas mujeres afrodescendientes a situaciones de pobreza y marginalidad, además de encerrarlas en estereotipos que las limitan del pleno acceso a muchos derechos.

La realidad de Cuba es bien diferente gracias a que durante seis décadas ellas han estado presentes en todos los procesos de la Revolución, incorporadas al estudio, el trabajo, las tareas de dirección, cumpliendo misiones internacionalistas, etc.

Es cierto que aunque siempre queden vestigios del pasado, cada día nuestro país se esfuerza más por llevar adelante el programa nacional contra el racismo y la discriminación racial que persigue desterrar para siempre cualquier tipo de discriminación por causa del color de la piel.

A continuación reproducimos el mensaje  de la presidenta de la FEU de nuestra universidad, el cual ha querido compartir no solo con las mujeres cubanas sino con otras que todavía no han logrado el reconocimiento que nuestra nación brinda a la mujer afrodescendiente.

Ser mujer no nos hace superiores pero si capaces, tener plena conciencia de que somos  portadoras de tradiciones pertenecientes a una cultura tan amplia como es la africana es conocerse. Podría pensarse que la mujer afrodescendiente es la clásica negra o mulata y resulta que la mayoría de las mujeres latinas,  incluso las que no la desbordan por la piel, estamos atadas con nuestra sangre a ese continente tan rico que es África. Reconocer y defender nuestra afro descendencia significa sabernos auténticas, fuertes, cubanas, fieles a nuestras tradiciones y acreedoras de un legado de cientos de años del cual no somos más que un eslabón.

 Sandra Ivette Berriel Jaquinet

Sábado, 25 de julio de 2020