Por José Omar Arteaga

Es la danza, el movimiento, quizás la manera de expresión primigenia del ser humano. Desde tiempos inmemoriales, el rito coreográfico, el alarido acompañado del gesto, las pulsiones humanas se hicieron externas tomando como medio al cuerpo.

Es la danza una necesidad del individuo, todos danzamos de una manera u otra, habita en nuestros cuerpos y parte del propio bio-ritmo, los latidos, el fluir de la sangre por todas partes, la respiración, el pensamiento.

Es la danza un arte que traspasa sus propios límites, como el propio ser humano que constantemente los supera. Transgresora, híbrida, mutante. Es capaz de habitar en las más insospechadas corporalidades, fluir orgánicamente, integrarse con su medio y su entorno.

Es la danza un ejercicio del pensamiento. «El cerebro es un músculo», nos recuerda Trisha Brown. El movimiento y la creación inevitablemente parten de este, así como otras formas de crear desde la escritura, el análisis, la investigación. También se puede danzar con palabras, hacer del papel o el sitio web el soporte del movimiento teórico, que en sí es una práctica del músculo que nos hace personas.

Es la danza un lugar para decir, denunciar, esquivar o escapar. Es una manera de gritar con la voz del cuerpo. Es la salvación para los condenados y el refugio para los desolados, el elogio a la locura y la censura de las políticas. Es el deseo hecho acción.

Es la danza un fenómeno plural, constituido por una vorágine de múltiples formas, estilos, lenguajes. Es la manera en que cada cultura ha transitado en su devenir, incorporando en este acto sus propias fisonomías y usanzas.

Es la danza lo efímero, lo inconstante, lo inapresable, mucho se puede decir y tener de ella, pero solo será un resquicio, una porción apenas, un elemento que la integra pero que no llega a ser el acto de danzar en sí mismo, esto es único cada vez.

Es la danza la supervivencia del cuerpo en crisis, en guerras y pandemias. Ante estas el organismo se agita, se levanta, se mueve en el espacio, apunta que está vivo, que late. Entra en contacto con el tiempo y el espacio entonces todo se vuelve menos caótico, más nítido, más humano.

 Quien baila toca al otro más allá de la piel; toca su peso y su olor, derrota las pantallas táctiles y borra las fronteras entre los cuerpos y las naciones.

Fragmento del mensaje del Dia Internacional de la Danza, pronunciado por Marianela Boán en representación de Las Américas, 2018

Miércoles, 29 de abril de 2020