Alfredo Diez Nieto, compositor, pianista, director orquestal y pedagogo comenzó su marcha hacia el Olimpo donde permanecen los hombres y mujeres que han dejado su estela imborrable en la cultura cubana.

Fue un hombre que se destacó por su sentido del deber, humildad, modestia y vasta cultura. Sembró bosques que hoy florecen gracias a su magisterio y su obra escrita, donde se destacan sus tres sinfonías y otras creaciones como Los diablitos y Sudor y látigo, además de piezas para instrumentos solistas y formatos de cámara, como la Gran Sonata para piano, la Sonata para violín y el Quinteto para orquesta de cuerdas, todas desde una estética nacional, y sus métodos de Contrapunto y Armonía.

Alfredo Diez Nieto fue reconocido como el más longevo compositor cubano en activo, pues hasta sus 103 años de vida estuvo aportando un legado de excelencia al repertorio de concierto, pleno de compromiso con la música y la cultura cubanas.

Su impronta como docente, durante más de siete décadas, dejó huellas invaluables en varias generaciones de músicos cubanos y de otros países. Desde 1934 impartió clases en conservatorios habaneros. Fundó, organizó y dirigió el Conservatorio Alejandro García Caturla. Fue profesor de Armonía en el Conservatorio Amadeo Roldán, en la Escuela Nacional de Arte (ENA) y, desde su fundación en el año 1976, figuró como profesor de las Cátedras de Armonía Contemporánea, Composición y Contrapunto y Fuga en el Instituto Superior de Arte (ISA). Fue también director de la Escuela para Instructores de Arte, donde realizó cambios en los planes de enseñanza. Ofreció voluntariamente cursos de Armonía, Contrapunto y Fuga durante los años 1965 y 1966 en la Banda del Estado Mayor del Ejército.

En 1949 fundó, junto al musicólogo y pianista Odilio Urfé, el Instituto Musical de Investigaciones Folklóricas, transformado en el Seminario de Música Popular en 1963. Fundó y dirigió la Orquesta Popular de Conciertos Gonzalo Roig (1965-1988).

Los músicos cubanos y de otras latitudes despiden hoy a uno de sus grandes artistas, a uno de sus grandes Maestros, a uno de sus árboles preciosos que dio sombra y paz, y que hizo crecer a muchos, pero para él, en sus desvelos, solo cupo la preocupación por sus alumnos y colegas.

La llama de su vida se fue apagando lentamente, pero se aviva, crece y será eterna en los miles de músicos que de alguna manera obtuvieron sus enseñanzas y continúan su legado con el mismo cariño, respeto y admiración que el impregnó en sus clases y en su labor.

Fue exigente, defensor de la buena música y del compromiso con el resultado de su calidad. Disciplina, estudio y trabajo, fueron las máximas que sostuvo durante sus 103 años de vida.

Por sus relevantes contribuciones a la cultura cubana, le fueron conferidas numerosas condecoraciones, entre ellas los Premios Nacionales de la Música y la Enseñanza Artística, el Premio Maestro de Juventudes, por la Asociación Hermanos Saíz, y la Orden Félix Varela de Primer Grado que otorga el Consejo de Estado de la República de Cuba.

Llegue a sus familiares y amigos nuestras condolencias y despidámoslo con el prolongado e infinito aplauso que acompaña a los verdaderos artistas hacia la eternidad.

Tomado de Instituto Cubano de la Música 

La Habana, 23 de octubre de 2021