La inverosímil praxis de una Entelequia

Por: Lic. Laritza Suárez del Villar SuárezHistoria del Arte y docente de la Facultad de Artes Visuales de la Universidad de las Artes de Cuba, ISA.

El mundo sensible generado por el hombre parte de la entelequia, un término filosófico creado por el célebre Aristóteles. Se trata de la fuerza concebida por una concepción ideal de algún hecho u objeto para su realización matérica. En el marco de la tercera experiencia de la 14 Bienal de La Habana, esta noción perfecta de lo inteligible resultó ser el título de la exposición taller de un grupo de estudiantes de 4to año de la Facultad de Artes Visuales de la Universidad de las Artes de Cuba, ISA como parte del proyecto curatorial Zona ISA.

Los artistas en formación al trasladar y enmarcar el concepto filosófico en el mundo artístico, motivan a pensar que toda obra de arte es engendrada por una entelequia, es el resultado material del proceso de traslación de una idea perfecta y original al mundo físico. Se está en presencia entonces de un concepto global que cobija sin discriminación toda propuesta artística y de diferente índole, sin embargo, no resulta una pauta conceptual para un proceso de selección curatorial de no propiciarse un enfoque o marco contextual en específico.

Dicho esto, entelequia une la individualidad artística de Héctor Onel Guevara, Marlon Riverón, Yamil Orlando y Omar Tirado como título, pero en cuanto a concepto curatorial no es ni siquiera un eufemismo para aderezar o llamar por otro nombre al criterio de mostrar el trabajo artístico-investigativo de cada uno de los integrantes, puesto que se cuenta con piezas de dos de los artistas donde se nota un desentrañamiento del concepto en el espacio del ISA.

Aún y cuando haya fallado la propuesta grupal, por no dilucidarse entre los participantes una dirección exacta de lo que querían mostrar en colectivo, o en palabras más precisas, por no existir un trabajo de mesa en equipo, la intención de apreciar la creación de los artistas desde la noción discursiva contenida en el título es una propuesta de enfoque interesante a la hora de analizar las obras de arte. Como ya se había declarado cada pieza parte de una entelequia, pero son a su vez ausencias, distorsiones, huellas y alusiones a ella.

Entre las obras que muestran el recorrido artístico se nota la imposibilidad real del concepto. En los bodegones, apegados más a las conocidas vanitas, Héctor Onel Guevara los concibe a partir del proceso cíclico de pintar y borrar sus lienzos como los más recientes Émesis y Senecencia. Si bien este carácter procesual responde a nociones de la naturaleza humana que el artista desea tratar en el arte a modo de proceso catártico, la entelequia radicaría en la fuerza para lograr una acción que al pretender ser perfecta a como se piensa pudiese provocar saturación, sobrecarga, cansancio y, por último, una liberación espiritual llevada a cabo en el fregado que realiza Héctor.

Senecencia. Héctor Onel GuevaraFuente: Yamil Orlando
Émesis. Héctor Onel GuevaraFuente: Yamil Orlando

En cuanto al trabajo artístico expuesto de Marlon Riverón resalta la indagación entre información y acontecimiento visto en su más reciente pieza Raw Tours. Son 10 fotomontajes dispersos por la cúpula que tratan sobre la imitación de un suceso a como se tenía concebido y a la vez la distorsión del contenido que se genera entorno a un acontecimiento por tal de hacerlo perfecto a los propósitos de su concepción. Entonces ¿Qué sería lo verdadero, la entelequia, el hecho fáctico o los juicios subjetivos y condicionados que conllevan a idealizar un suceso?

Raw Tours. Marlon RiveroFuente: Yamil Orlando

Para Omar Tirado, la entelequia sería lo primero y verdadero. La idea original se demuestra en sus cuadros Yacimiento, al mostrar especies de proyectos escultóricos de montículos de tierra emplazados en el patio de la facultad de Artes Visuales que sirven de homenaje a las promociones egresadas de la institución. La entelequia reside en la noción proyectada en pintura de una obra que aún no es real, y de realizarse estaría erigida en un tiempo limitado porque su constitución la conduciría a regresar al lugar de donde nació: la tierra. Una pieza efímera se quedaría guardada en la memoria de los individuos involucrados o presentes como público como mismo sucede con el recuerdo de los graduados que transitaron por el ISA: solo lo tienen ellos y las personas con las que se relacionaban en la época estudiantil.

Yacimiento. Omar TiradoFuente: Yamil Orlando

Pero la memoria es receptáculo de información que muere en el olvido, muta en los detalles y, dependiendo de la experiencia, tiende también a la idealización. Esta cuestión Yamil Orlando la toma como centro de atención de su pieza Amor de Goldfish. El artista realizó para la exposición un conjunto fotográfico de espacios en la Facultad de Artes Visuales, en donde una vez estuvieron situadas piezas de estudiantes o de las huellas que quedan aún. Las fotografías de vacíos y ruinas tienen como pie de obra indicaciones de una posible descripción de esas obras cuya existencia solo se halla en los recuerdos, quizás un tanto deformados y variables por el paso del tiempo, de los profesores.

Amor de Goldfish. Yamil OrlandoFuente: Yamil Orlando

La obra de Yamil es un primario registro de la ausencia y pérdida de memoria fiable. Al no contar con las piezas en físico y no existir un archivo de las mismas, los profesores las idealizan y los espectadores quizás las imaginen a partir de los pies forzados de las piezas. La presencia de una entelequia sería en la construcción ideal de una obra evocada por los vestigios físicos o conceptuales que podrían existir como los proyectos de Yacimiento.  

De este modo las piezas de Omar y Yamil se direccionan a percibir nuestro reciento de enseñanza como un imaginario de lo que debía ser, lo que una vez fue o tuvo (y se añora), lo que queda y se puede hacer en los días actuales. Los proyectos primeros de la universidad, las obras que una vez se crearon (de manera conceptual o fácticas) en su espacio, las subjetividades de estudiantes o de profesores que también fueron instruidos por las operatorias de enseñanza artística, todo, forma parte de un archivo de información con la que se podía dialogar, intervenir, y crear nuevas ideas o fabulaciones.

Hubiese sido sumamente interesante y hermoso trabajar al unísono con la tesis de considerar al ISA como resultado de una entelequia arquitectónica, vivencial y artística, para generar una exposición colectiva donde los propios artistas-estudiantes sean los que sugieran un ensueño del recinto, basado en sus experiencias, intereses y en su formación. Pero si alguna moraleja deja esta exposición frente a la crítica y pretensión de lo que podía ser es la inverosímil praxis de una entelequia.