Por: Rey A. Pascual García

No pocas veces en la vida de un artista los aplausos coronan los éxitos de una presentación. Pero cuando en vida se ha hecho todo por el arte, el mérito mayor es el del alma. Fue hora entonces de rendir tributo a quien lo ha dado todo por la música en nuestro país. Fue y es la hora de Omara Portuondo.

La célebre cantante cubana, recibió en la tarde de ayer el Título Honorífico de Doctor Honoris Causa en Artes, el más alto reconocimiento que entrega nuestra casa de altos estudios. La Universidad de las Artes (ISA), se hace eco de las incontables ovaciones que aún recibe nuestra novia del feeling, como cariñosamente la conocemos, con la entrega de este reconocimiento.

El acto, presidido por el Ministro de Cultura, Abel Prieto Jiménez, el Rector de la Universidad de las Artes, Alexis Seijo García y Marta Bonet de la Cruz, Presidenta del Instituto Cubano de la Música; comenzó con el recibimiento de la cantante a cargo de las estudiantes de Percusión Natalí Chongo y Arasay Echevarría, que interpretaron un arreglo para Vibráfono y Marimba de la pieza Rotación #2 del compositor francés Eric Samút.

En la voz de la musicóloga Marta Bonet, tomaron vida las palabras de elogio que Miguel Barnet le dedicó a la Diva del Buena Vista Social Club, para la entrega de este lauro.

Omara Portuondo, una diva de este Tiempo.

Hace muchos años que Omara Portuondo rebasó la acariciada popularidad para alcanzar una dimensión artística donde es imposible explicarla con la crítica o el discernimiento. Ella es irrepetible, y sus dones añejados por una larga carrera, son el atributo que la distingue entre muchas cantantes que incursionaron en un repertorio de géneros tan variados como la canción romántica, el bolero, el son y la canción cuna por sólo mencionar los más representativos. Su ductilidad expresiva, su dicción, su absoluto sentido del ritmo, así como su gracia criolla y su dramatismo se engarzan en un perfecto arpegio de perfección.

Con un instrumento vocal de cualidades singulares, agudos sorpresivos y lalaleos inigualables, Omara hace gala de una limpieza y un brillo propios. Quien es hoy calificada como la Diva de Buena Vista Social Club grabó originalmente en 1960 las piezas del disco Magia negra, que me honré en presentar en su reciente nueva edición, cuando comenzaba su carrera de solista luego de haber participado en agrupaciones y cuartetos tan señeros como el de Orlando de la Rosa y el D´Aida.
Magia negra, idea original del compositor y pianista Julio Gutiérrez, colocó a Omara en el cenit del mundo del disco. Y cumplimentó su antojo de mostrar la versatilidad de su arte. Entró, pues, por la puerta grande.

Desde entonces he admirado a esa Omara lozana y atrevida, capaz de arriesgarse a emular con timbres sonoros diversos y complejos en los que ella ha sabido desplegar su inmenso talento musical.

Versiones jazzeadas de piezas clásicas como Llanto de Luna incitan a un diálogo con la cantante que convirtió la nueva entrega en un regalo para el espíritu.

Después, ya lo sabemos, Omara continuó creciendo hasta ser imprescindible. Cantó a Portillo de la Luz y José Antonio Méndez, a Marta Valdés y Piloto y Vera; nos arropó con su Gracias a la vida, de Violeta Parra; y, fiel a sus orígenes, volvió a reunirse con Elena Burke y Moraima Secada, en una estremecedora página de Alberto Vera. De la canción al son, ella es nuestra Omara.

Escuchándola comprobamos que no por gusto el público, que es quien pone las jerarquías, la bautizó como lo que ella es, una diva de este tiempo, su Tiempo.

Miguel Barnet.

Por todo lo alto terminó este merecido homenaje, con la presentación de tres grandes figuras de la música cubana: la Maestra Digna Guerra, la cantante Bárbara Llanes y la Musicalísima Beatriz Márquez que, junto a un grupo de los pequeñines de La Colmenita, celebraron el trabajo inigualable de Omara Portuondo a lo largo de toda su vida.

El homenaje a esta gran figura de la música, tanto cubana como mundial, continuará con cada aplauso, con cada recuerdo que su voz provoque, porque Omara es más que un nombre, es más que una canción, Omara es Cuba.