Por: Rey Pascual García

“No merece llamarse cubano quien, habiendo nacido en esta tierra, mancilla su más profunda raíz”, rezaba Nuestro Apóstol Nacional José Martí a fines del siglo XIX, embocado en la lucha constante por una República digna, libre y soberana: una Patria, como la que es: para todos los cubanos. Pero aunque, el hijo de esta tierra es de por sí orgulloso de ella, hay quienes olvidan nuestra propia historia y, guiados por un bolsillo mercenario y promesas disfrazadas de “sueño americano”, se convierten en criminales.

Lo sucedido el día 1ro de enero de 2020, cuando por desgracia amaneció La Habana, con la imagen de ver varios bustos de Nuestro Héroe Nacional, manchados en total profeso, de sangre porcina, tendrá la condena más grande a la que pueda someterse a un ser humano, la del repudio eterno del pueblo, de su tierra, y ojalá hasta de su propia conciencia.

Y es que Martí, es más que solo bustos que velan –cual vigilantes eternos– por esa República Digna, en los parques y plazas, en las escuelas, en los centros de trabajo, en el día a día del que camina sobre esta sagrada tierra. Martí es padre, es hermano, es compañero, es vida y obra, y no vive en el mármol o en el yeso sino en la conciencia colectiva del ciudadano y en el revisitar diariamente la Historia. Y es que somos un país y un pueblo virtuoso, con defectos, sí, pero con la dicha de luchar día a día para superarlos y convertirlos a bien. Pero por encima de todo somos defensores de nuestra historia y tradiciones.

En nosotros, los que desde el arte defendemos y ponemos en alto el nombre de Cuba, no cabe otra respuesta que el desagravio diario al Apóstol. Desde la Universidad de las Artes ISA, alzamos la voz, en una cantata realizada en la mañana de este jueves 16 de enero, para decir ¡No! a esas vandálicas acciones cometidas, que no muestran siquiera una ideología –como quieren hacerlo ver los medios de comunicación enemigos declarados de la revolución y de nuestros principios–, sino una actitud delictiva y totalmente anticubana. A esos dos –y remarco las comillas cuanto sea posible—“luchadores por Cuba”, aprendan esta lección de Martí: “Para la patria nos levantamos. Es un crimen levantarse sobre ella”