Por: David Rey Padilla

Festival de las artes, turbulencia de eventos. La mirada no logra posarse, tranquila, sobre ningún objetivo. La sucesión o contraposición de espacios forma una especie de collage en nuestra memoria, donde se van fundiendo imágenes, sonidos, rostros. Pero siempre hay eventos que te obligan a hacer un alto en el camino; y eso ocurre con «StoryBoard», una exposición conjunta entre estudiantes de las facultades, Artes Visuales y FAMCA, y que estará abierta al público durante toda la semana en el Pabellón Cuba.

Entre animaciones, diseños de personajes, videos en proceso y fotogramas, el espectador deambula por un universo que a muchos los remonta a su infancia; y los realizadores aprovechan esto para hablar de la sociedad, el arte y algún que otro concepto filosófico. Al acercarnos a Omar Tirado, curador de la exposición, nos declara que el objetivo de esta, era visualizar el trabajo de jóvenes animadores, lograr que estos se conocieran. Potenciar así el intercambio de ideas y conocimientos y llamar la atención sobre este medio, que cada vez toma mayor fuerza y aún es inexistente una escuela de animación, tanto dentro de la Universidad de las Artes, como fuera.

El espectador se enfrenta a una propuesta diferente, lúdica, incluyente, donde los realizadores dialogan, entre ellos y con el público, desde disímiles estéticas. Quizás el atractivo resultado final de la oferta realizada por estos jóvenes animadores no da espacio a pensar en el proceso, en el camino recorrido, en el trabajo y la dedicación que hay detrás, la búsqueda de cada fotograma, el recuento a la infancia, y todo desde una mirada crítica.

El número de artistas que encuentran en la animación una manera de elaborar su discurso va en aumento. Es hora, quizás, de volver a ver “muñequitos” (algunos nunca dejamos de hacerlo) o leer un comic o una historieta, a lo mejor así desistimos de pensar en lo abstracto o de tener posturas y esquemas de poder. Quizás sea StoryBoard un encuentro personal con nuestra niñez, con esa imaginación que se fue transformando en números y en frases preelaboradas, un retorno a ese espacio temporal donde ver los dibujos animados (rusos, americanos o cubanos) era el momento más feliz del día.