Por: Rey Pascual

Hay palabras que son capaces de atravesar las distancias y también los años. Las que incluso rompen paredes y silencios. Las que viajan en sobres, o en ondas sonoras y abren cerraduras y candados y cadenas. Hoy, esas palabras regresan y lucen tan libres como al principio. Hace muchos años un personaje de un programa de radio del pueblo de Jaruco, en la antigua provincia Habana; “un ave cardenal”, llevó las Alas de libertad, hasta una celda en EEUU, donde un hombre, un luchador incansable, esperaba con confianza plena en la Revolución Cubana, su añorada libertad.

Esas alas se extendieron en el tiempo y hoy, ya en libertad, se cruzan las palabras frente a frente. Esta es la historia de Gerardo Hernández Nordelo y Altinay Martínez. Él, uno de los cinco cubanos que por defender a Cuba y neutralizar las amenazas terroristas que desde Miami se gestaban contra nuestro país, pasó quince injustos años preso en cárceles de máxima seguridad. Ella, una otrora estudiante de secundaria, que hoy es ya una joven docente, recién egresada de la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual. Las palabras que Gerardo escuchaba en su pequeña radio en la celda de la Prisión de Lompoc, California, hoy se tornan en diálogo ameno, tras muchas cartas y muchos años de esperanza.

Este encuentro es gracias a la actividad, que cada mes tiene la Cátedra de Pensamiento Cultural de Fidel Castro y que en cada sesión trae a un invitado. Las piezas Si ves un monte de espuma y Hombre que vas creciendo, interpretadas por el Coro de la universidad, dieron inicio a la charla. La impronta que ha marcado nuestro líder histórico, las anécdotas de los momentos duros del presidio, las gestiones que la dirección del país y los organismos internacionales hicieron incansablemente hasta su liberación, fueron los temas que tocó este orador dispuesto, con el humor y los cubanismos que le formaron la caricatura y el ser hijo ya ilustre de esta tierra.

“Los cinco”, como ya el mundo los conoce: Gerardo, como René, “Tony”, Fernando y Ramón, son sin dudas fieles seguidores de un Fidel que, en los duros años tras las rejas, se convirtió en el símbolo para no dejarse aplastar. Cuando el horror y la injusticia llegaba hasta ellos, relata Gerardo que recordaban la historia del “marielito”, un preso que les gritó “¡Manténganse firmes que Fidel nunca los va a abandonar!”.

Nada mejor para hablar sobre el gran revolucionario de esta y las tierras del mundo, que agradecer las anécdotas y la visión de otro luchador. Y en el transcurso, estrechar los lazos, hacer efectivas las palabras y batir bien fuertes las alas para seguir siendo una Patria libre y soberana.