Por: Yosvany Montano Garrido

El triunfo de la Revolución modificó radicalmente la situación, dimensiones, perspectivas y aspiraciones presentes en el campo cultural cubano. La creación artístico-literaria asumió relieves nuevos toda vez que los reclamos hacia una institucionalidad emergente cabalgaban entre las añoranzas propias del período republicano y las que nacían de la transformación revolucionaria. Con un elevado grado de politización las discusiones en relación a las estéticas, el valor social del arte, el papel de los intelectuales y su relación con el poder, atravesarían la polémica década de los sesenta.

En medio de un cruce de corrientes, la Isla trasfiguraba el horizonte teórico, los moldes y las prácticas de la transición socialista. La política revolucionaria se levantaba aprovechando su dimensión cultural. Como nunca, los individuos, las instituciones, las estructuras de poder y la conciencia popular alteraban sus configuraciones. Imaginarios, valores, identidades y subjetividades colectivas cambiaban precipitadamente.       

El Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica y la Casa de las Américas en 1959, la Imprenta Nacional de Cuba en 1960, la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba y el Consejo Nacional de Cultura en 1961, el Instituto Cubano de Radiodifusión y la Escuela Nacional de Arte un año después, poblaban el joven panorama institucional del país. El Teatro Nacional de Cuba, el Movimiento de Aficionados, el Conjunto Folklórico Nacional y el de Danza Contemporánea, la conversión del Ballet Alicia Alonso en Ballet Nacional y los cambios en los medios de prensa del país, amplificaban los procesos creativos.

Las escuelas levantadas en los lugares que antes fueron centros de represión constituyeron la muestra más significativa de aquella metamorfosis. La Campaña de Alfabetización, la nacionalización y ampliación del sistema de enseñanza, la concepción del Plan de Becas y la Reforma Universitaria de 1962, respaldaron el propósito. En las aulas, comunidades y centros laborales se arraigaba el nuevo modelo cultural.

EL ISA dedica, acertadamente, la décima edición del Festival de las Artes, a ese torbellino fundador. El encuentro del venidero miércoles 29 de mayo con la Dra. Graziella Pogolotti, sin lugar a dudas una de las intelectuales más lúcidas de nuestro tiempo, vertebrará el programa teórico del Festival. El Salón de Mayo del Pabellón Cuba acogerá durante toda la semana desmontajes artísticos, paneles, presentaciones de libros y revistas de los sellos editoriales Cúpulas y Ocean Sur. Un capítulo esencial del evento para que investigadores, docentes y  estudiantes de la Universidad y público en general, compartan impresiones y análisis sobre los desafíos que emanan de una práctica cultural comprometida con la  emancipación, las alternatividades y la resistencia.

Un rencuentro crítico y desprejuiciado con lo más orgánico del pensamiento social revolucionario. Indagación honesta y responsable en torno a las nuevas dinámicas creativas, la expresión de las políticas culturales, los retos en materia de gestión y promoción, así como los que enfrenta la enseñanza artística en medio de los cambios que se desarrollan en la sociedad.