Por Barbarella D’Acevedo

Este año 2020 parece haber llegado presto a cambiar nuestro orden de prioridades como humanidad, e incluso a obligarnos a salir de nuestras zonas de confort, como un golpe, o un cataclismo, ante el cual no es posible permanecer ni indiferentes, ni iguales. Lo cierto es que la crisis global generada por la pandemia nos ha de dividir el tiempo, en un antes y un después del coronavirus. En Cuba, desde marzo, con el anuncio de los primeros casos se han emprendido múltiples y loables esfuerzos de contención. Y ya se avizora quizá un horizonte en la esperanza de las vacunas, como esa tan esperada, Soberana 01, que está en fase de ensayos clínicos. Pero todavía no llega el tiempo de confiarnos. No hemos logrado sobrepasar el peligro, sino que más bien, nos hallamos en su mismo centro, no ya en el de antes, y sin conseguir alcanzar todavía, el después. Es en este momento justo en que se afirma la labor de resistencia y firmeza, y confrontación que muchos asumen incluso desde el anonimato. El trabajo del personal de salud, de médicos y enfermeros, pero también de esos que sin haber asumido antes semejante vocación, hoy se erigen voluntarios y apoyan la búsqueda del bienestar común a lo largo y ancho de la Mayor de las Antillas.

Ante el retroceso de la Habana de la etapa 1 de recuperación a fase de transmisión autóctona limitada,  en el pasado mes, se han incorporado nuevas medidas con el fin de contrarrestar los efectos del virus. Entre estas se  encuentran la creación de nuevos centros de aislamiento, espacios donde se internan a los contactos de infectados,  para evitar que la cadena de contagios siga creciendo.

De ese modo,  en la residencia estudiantil de la Universidad de las Artes, ISA comienza a funcionar uno de estos centros a partir del pasado 21 de agosto. Ya desde antes se estaban desarrollando actividades previas por parte de la dirección de la universidad y algunos trabajadores, así como el Ministerio de Salud Pública y las autoridades del gobierno, en aras de habilitar el espacio.

A este  se incorporaron, en calidad de voluntarios, estudiantes y profesores de esta casa de estudios, así como otros jóvenes que ya habían tenido algún tipo de experiencia anterior en semejantes instituciones. Allí, de conjunto, han realizado diversas labores, que incluyen desde la limpieza y desinfección del lugar, hasta la gestión de recursos humanos y materiales a fin de mantener todo en funcionamiento.

Hoy tenemos la oportunidad de conocer a algunos de ellos mientras nos cuentan sus historias, su presente y el sueño de un mañana…

David Frank Acosta Mazorra, al frente de la Brigada de apoyo del Centro de Aislamiento en el ISA

BARBARELLA D’ACEVEDO:  ¿Cómo era tu vida antes de la pandemia?

DAVID FRANK ACOSTA MAZORRA: Mi vida antes del coronavirus era bastante movida. De lunes a jueves de nueve de la mañana a tres de la tarde recibía clases en el conjunto Folclórico Nacional. Los viernes me liberaban de estas para que asistiera a un Curso de Producción en el Centro de Superación para la Cultura de la Habana, Félix Varela. Los lunes, martes y miércoles a partir de las cuatro de la tarde impartía clases de repertorio en la ENA, a los estudiantes de primer y segundo año de danza. Los martes tenía ensayo de Los Dandys de Belén, mi proyecto de tesis, una de las comparsas tradicionales de la Habana,  que desde el año pasado se incorporó al paseo del Carnaval Habanero.

Durante el resto del tiempo tenía que ocuparme de otras funciones como profesor en primer año de servicio social de la Facultad de Arte Danzario. Una o dos semanas antes del Covid-19 había empezado a asistir a la preparación del proyecto de la Universidad para la formación de jóvenes doctores, una convocatoria de la Vicerrectoría de Investigación y Postgrado.

A eso debemos añadir que estoy haciendo también mi segunda carrera que es Derecho y todos los sábados debía asistir a la Universidad de La Habana a recibir clases. Incluso aprovechaba los domingos para recibir clases de inglés en casa, con un profesor particular.

Así y todo durante los fines de semana compartía con mi pareja o con mi familia. A veces con algunos de mis amigos, los muchachos de la comparsa, o compañeros de trabajo. Íbamos al cine,  o a ver alguna función de danza en el teatro.

B.D.’A.: ¿Cómo se transformó tu vida a partir de la pandemia?

D.F.A.M.: El coronavirus promovió un cambio radical. Mi vida estructurada en base a un constante movimiento y con una fuerte agenda social se trastocó por completo. Y muchas de mis actividades tuve que incorporarlas al espacio de la casa. Se acabaron las clases, los ensayos, los entrenamientos y debí empezar a asumir eso desde el hogar, haciendo estiramientos y ejercicios diarios. Pero nunca se consigue la misma dinámica de estar en una compañía con un profesor delante, ejercicios de clase, un ensayo, la preparación para una función. Los cambios han sido muchos.

En principio aproveché el tiempo en casa para dedicarle tiempo a la creación artística,  y al tema de la coreografía. El trabajo de la Universidad se modificó también. Empecé a colaborar en transformaciones que se estaban haciendo en relación a los planes de estudio y asignaturas como Historia del Folclore, para darles orientaciones a los estudiantes.

B.D.’A: Ante la apertura del Centro de Aislamiento en la Residencia Estudiantil de la Universidad,  ¿qué te decide a trabajar en este?

D.F.A.M.: Me incorporo al Centro de Aislamiento después de una conversación con una compañera de trabajo, profesora de FAMCA con la cual trabajé en mi etapa de dirigente de la FEU en la Universidad.  La idea era promover la incorporación de un grupo de profesores y estudiantes a este espacio con la idea e resultar útiles al país, dada la situación compleja de la Habana,  en el presente, con la fase de transmisión autóctona limitada, y una subida del número de casos en comparación con el periodo anterior. Sabemos que actualmente el personal de salud no da abasto para cubrir la cantidad de espacios de este tipo en la capital. Y hubo un llamado por parte de las autoridades del país a sumar a los jóvenes,  a ayudar y colaborar.

Los voluntarios lo vimos así como una oportunidad de apoyar a la sociedad, pero en primera instancia, de poder ayudar a esas personas que iban a encontrarse como pacientes sospechosos en esta institución. También hay que tener en cuenta el factor humano: si te encuentras en un lugar así, apartado de tu familia, aislado, lo esencial es tener un buen servicio, una buena atención, que te permita superar esta etapa.

B.D.’A.: ¿Cómo funciona el Centro de Aislamiento de la Universidad de las Artes, ISA?

D.F.A.M.: En el centro de aislamiento, en principio, nos encargábamos de todas las cuestiones de limpieza y de pantry. Éramos los responsables de la limpieza de las habitaciones, en las que se les daba el alta a los pacientes. Después que se fumigaban y se desinfestaban, nosotros teníamos que acondicionarlas para recibir los próximos casos. En la mañana nos levantábamos, y limpiábamos las áreas como pasillos, baños, el lobby, pasamanos, barandas, picaportes.

Después nos quedamos como encargados del pantry. En diferentes horarios, siguiendo un grupo de protocolos llevábamos las seis comidas diarias a pacientes y trabajadores del centro.

Además funcionamos como gestores entre los pacientes, el personal médico que está trabajando aquí y la dirección de la Universidad.

Todo lo que ver con avituallamiento y otros recursos va por nuestra parte. La recogida de la ropa que se lleva a la lavandería, el traslado de artículos personales que le hacen llegar los familiares a los pacientes, y otro grupo de necesidades materiales, van por nuestra cuenta. Somos los responsables de gestionarla,  coordinarlas, y hacerlas viables.

Llega a ser complejo trabajar con personas que tienen cierto grado de desesperación al no saber si van a resultar positivos o no a la enfermedad.  Eso desequilibra emocionalmente al paciente. Nosotros nos preparamos de antemano para asumir esto también. En nuestro grupo hay muchachos que ya han trabajado antes en otros centros de aislamiento, y ellos también nos han dado una serie de herramientas para comunicarnos con los pacientes y apoyarlos mientras están aquí.

B.D.’A.: ¿Cómo llevas el no poder ver a la familia durante este tiempo?

D.F.M.A.: El no poder ver a nuestros familiares es complejo. Se han creado ciertas estrategias por parte de la institución para poder comunicarnos con ellos a través de un teléfono fijo. La era digital nos permite el contacto constante y eso también alivia un poco la lejanía, que es muy difícil.

B.D.’A.: ¿Tienes miedo alguna vez?

D.F.M.A.: Realmente no. No tenemos miedo, pero tampoco nos confiamos. Hay que tomar medidas y cuidarse. Existen muchos protocolos que si se cumplen bien y no se cometen errores, minimizan los riesgos. Sin relajarse nunca porque cualquier paciente sospechosos puede resultar positivo.

Jhon Robert Bermúdez Pulido, de músico y profesor a voluntario 

B.D.’A.: ¿A qué te dedicabas antes del virus? ¿Qué hacía Jhon Robert Bermúdez Pulido,  antes de la pandemia y cómo cambió su vida a raíz de esta?

JHON ROBERT BERMÚDEZ PULIDO: Antes de la pandemia me desempeñaba como profesor del ISA y de la ENA y ejercía como trompetista de Adalberto Álvarez y su son. Daba clases los días entre semana y participaba en algún que otro concierto. También tenía que estudiar porque la vida de un músico  es muy sacrificada y hay que ensayar todos los días. Durante los fines de semana trabajaba con la orquesta y alguna que otra vez me reunía con mis amigos como cualquier joven y juntos salíamos a compartir.  Todo se transformó bastante a raíz de la pandemia porque pasé de tener una vida muy activa profesionalmente a permanecer encerrado en la casa, la mayor parte del tiempo. Los días se me iban en estudiar y hacer algunos trabajos que me mandaban de la escuela. Pero realmente fue complicado porque tenía la sensación de estar preso.

B.D.’A.: ¿Cuáles son tus impresiones acerca del desarrollo de la pandemia en el mundo?

J.R.B.P.: No niego que esta transformación del mundo de la noche a la mañana me impresionó  un poco… Porque el ser humano cree que es el dueño del universo y está situación una vez más nos demostró cuán frágil es y que los pueblos países y todos los habitantes del planeta deben colaborar,  en serio para cambiar muchas cosas que están mal, pues de seguir así, vamos hacia el fin de la humanidad.

B.D.’A.: ¿Cómo ves el futuro de esta pandemia, en Cuba, en el mundo, en tu vida?

J.R.B.P.: Bueno, creo que de una forma u otra esto pasará, pero lo que hace falta es que sirva de ejemplo para todos y que se generen cambios porque si no, la historia se repetirá y el mundo no estará preparado. Creo que nuestro país hace cuanto puede para cuidar a su pueblo,  e incluso ayuda a otros países,  en lo que constituye un gesto altruista.

En lo que a mí se refiere, sueño con estar en un concierto como antes. Pero por ahora sé que debo esperar. Extraño a mis alumnos. Extraño poder sentarme con mis amigos y perder las horas conversando… Son cosas que uno no valora hasta que le faltan. Por ahora, cuidarse es lo principal. Y cuidándose uno y cumpliendo todas las medidas cuidamos a los demás, porque esta enfermedad no es un juego.

Daniel Rosete Aguilera, un estudiante en las filas del Centro de Aislamiento del ISA

B.D.’A.: ¿Cómo cambió el coronavirus, la vida de un estudiante de primer año de Diseño de Comunicación Visual?

DANIEL ROSETE AGUILERA:  Lo que más se afectó fue mi vida escolar y social. El curso ya hubiera comenzado a estas alturas,  con todo lo que eso implica y ya habría realizado un examen pendiente de Dibujo al Natural que todavía tengo, como un peso encima.

Por otra parte, esta situación complicó mucho la agenda social en general. Por poner un ejemplo, yo vivo en Playa y mi pareja en Santo Suárez. Podernos ver durante la cuarentena se ha vuelto más complicado, en tanto tengo que caminar casi dos horas, para trasladarme, en lo que antes era un viaje rápido.

B.D.’A.: ¿Cómo ves el futuro de esta pandemia, en Cuba, en el mundo? ¿Y tu futuro?

D.R.A.: Yo creo que si tomamos todas las medidas correctamente, nadie tiene por qué llegar a portar el virus o enfermarse.

Espero con ansias la aprobación de las vacunas, tanto la Soberana 01 como la Sputnik. Creo que una vez se compruebe que están listas para ser distribuidas, la situación poco a poco irá volviendo a la normalidad.

Domingo, 6 de septiembre de 2020